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SANTIAGO Y VALPARAISO

Por la evolución política desde la independencia cabe suponer que Chile es un país cosmopolita y medio europeo. Sus precios –alojamiento, manutención, etc.- son más bien caros para extranjeros y nacionales, por ejemplo estudiar una carrera universitaria puede costar entre tres mil y seis mil euros anuales, financiables hasta en veinte años con interés cuando se concluyen los estudios si se consigue un préstamo del Estado. Pero el salario mínimo es de trescientos sesenta euros. La existencia de una poderosa oligarquía hace que en muchos aspectos uno crea encontrarse en aquella Europa del bienestar. Pura falacia. El trato con la gente, después de la refinada y dulcilona beatitud de las capitales argentinas (Córdoba y Mendoza), resulta un tanto distante. La fonética no ayuda mucho, hay que aguzar el oído. En general parece un país heterogéneo (¿y cuál no lo es?) compuesto a pedazos a lo largo de sus más de cuatro mil kilómetros de costa pacífica.


Foto: Palacio de la Moneda.


Foto: despacho en el que Allende se suicidó tras el golpe militar de 1973.


Foto: palacio de los tribunales de Justicia.


El centro histórico de Santiago, ciudad con seis millones de habitantes y metro (el primero propiamente dicho que hemos encontrado en nuestro recorrido por estos trece países) es rico en edificios de siglos pasados: palacios en las calles adyacentes a la plaza de armas, como el Palacio de la Moneda. Unos instantes de emoción junto al busto de Salvador Allende:

Yo pisaré las calles nuevamente

de lo que fue Santiago ensangrentada

y en una hermosa plaza liberada

me detendré a llorar por los ausentes

Son muchos los ausentes, en particular los asesinados entre 1973 y 1990 por la terrorífica dictadura de Pinochet, favorecida por la CIA tras bloquear el país para derrocar al Gobierno democrático elegido por los chilenos. Hoy en día, muerto el perro no acabó la rabia ya que sigue habiendo bastantes pinochetistas en el poder.


Foto: palacio Edwards


Foto: casa La Chascona de Pablo Neruda, en el barrio Bellavista.


Siguiendo la Alameda o Bulevar Higgins se llega al barrio Bellavista, desparramado en la falta del cerro San Cristóbal, en el que residieron familias pudientes. También Neruda tuvo una casa en esta zona, la Chascona. Es un barrio de casas bajas con terrado y arquitectura propia de la época colonial.  Resulta obvio que no se supo apreciar en su momento el valor de este conjunto, que incluye bastantes edificios modernos de muchas plantas. Si el resto se ha salvado (y no por mucho tiempo ya que muchas casas amenazan ruina) ha sido por el descubrimiento de que podría tener un encanto para el turismo y, en ese sentido, muchas de las antiguas viviendas se han restaurado y convertido en restaurantes y bares.  Cruzando la Alameda desde Bellavista hay un museo dedicado a Violeta Parra en el que se pueden ver grabaciones y entrevistas a la artista chilena autora de Gracias a la vida. Es un espacio patrocinado por la familia de Violeta, íntimo y lleno de sensibilidad, en el que se exhiben asimismo sus pinturas y tapices evocadores de una gran humanidad y de un sueño que unificaba Latinoamérica en un solo proyecto.


Foto: museo de la Memoria.


El Museo de la memoria y los derechos humanos reúne mediante documentos gráficos y algunos objetos el horror que sufrió el país durante la atroz dictadura militar de Pinochet que, siguiendo el dictado yanqui de acabar con el menor indicio de comunismo, socialismo o izquierda del tipo que fuere, mató a más de tres mil personas, torturó a cuarenta mil y obligó a exiliarse a otras doscientas mil. No tuvo escrúpulos con niños, ancianos o embarazadas. Tampoco con la economía nacional, que endeudó hasta lo más insensato con la complaciente venia de los brothers del norte. Hoy día continúa el miedo a los sables, en el país que se había acomodado a los presupuestos del liberalismo europeo se ha enajenado una parte del pensamiento. Es normal ya que sólo han pasado veintiocho años, apenas una generación, y los ceños fruncidos de los salvapatrias siguen basculando sobre la rutina nacional. Existen centenares de lugares en todo Santiago en los que se torturó durante este período de la historia (picana, pseudoahogamiento, fusilamiento fingido, mutilaciones…), algunos están abiertos al público conservando el aspecto que tenían cuando se hicieron los sangrientos interrogatorios.


Fotos: puerto de Valparaíso.


A poco más de una hora en coche desde Santiago en dirección noroeste se llega la ciudad de Valparaíso, conurbada con Viña del mar y otros municipios vecinos en el Gran Valparaíso, de un millón de habitantes..Desde el mirador 21 de mayo se otea la bahía entera, uno se hipnotiza con la maniobra de las grúas apilando centenares de containers. Mercancías que cruzarán el Pacífico hacia las costas asiáticas o que doblarán por el canal de Panamá. Gaviotas y cotorras verdes sobrevuelan el puerto, donde se mezclan esencias nerudianas con marineros sin patria.


Foto: playa de Las Torpederas, vista panorámica y detalle de la animita de Panchita.


Un poco más adelante está la pequeña y linda playa de Torpederas, de arena fina y aguas claras. En un extremo, frente a un caro restaurante, se yergue la animita de Panchita, un pequeño altar dedicado a la niña Francisca Silva de cinco años que en 2006 fue violada, asesinada y arrojada al mar. Su alma parece rondar por el sitio prodigando bienes a juzgar por las placas de agradecimiento adheridas al monumento entre docenas de muñecos y juguetes. Son los dos extremos de una sociedad convulsa que mira a Europa, pero a una Europa antigua y distinguida, una sociedad no tan rica que guarda una amabilidad entrañable bajo el adusto rictus que le impusieron muchos años de sables y nacionalismo a ultranza para ocultar las corruptelas y latrocinios de las élites.


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